OTRA NAVIDAD
Otra vez se acercaba la Navidad. En el bosque todos los animales estaban muy preocupados. El año anterior no habían salido del todo mal parados, pero unos cuantos años más y el bosque podía desaparecer. Era costumbre por esas fechas que los habitantes de los pueblos que rodeaban el bosque, se reunieran los fines de semana en una especie de romería donde se comía, se bebía, se reía y se bailaba con motivo de la "CORTA DEL ÁRBOL". Durante los tres fines de semana que duraba la corta del árbol era lícito talar aquellos que durante la Navidad iban a adornar los hogares de todas las familias, así como los grandes árboles que se instalaban en las plazas de los pueblos y que el día de Nochebuena adornarían todos los vecinos cantando villancicos alrededor de él. Por todo esto, los animales decidieron reunirse. El señor búho, el más docto de todos ellos, los convocó en el pie del árbol grande:
Amigos, una vez más se acerca la Navidad y vuelve el peligro de todas las navidades. El año pasado fueron cincuenta las familias que se quedaron sin hogar. Eso unido a que cada vez cortan más árboles y no los reponen hace que nos estemos quedando sin bosque, la desertización avanza más cada día y si esto continua así, vamos a tener que separarnos y buscar otro lugar dónde poder vivir. Tengo entendido que algunas ardillas se marchan este año, antes de ver cómo caen sus casas, y no solo es triste para los que se quedan sin hogar, sino que es peligroso para aquellos que construyen sus casas en el suelo, ya que debido a los descuidos de los humanos, que con tanta fiesta no se percatan de que esa tala indiscriminada puede provocar la destrucción de madrigueras, nidos terrestres..., así como herir en la caída a algunos compañeros nuestros que, bien por su edad, por ser un poco más lentos o más despistados, pueden quedar atrapados entre las ramas de los árboles cortados. Amigos tenemos que buscar una solución.
Todos los animales reunidos empezaron a hablar en voz alta, todos a la vez, de tal manera que era imposible poder oír a nadie.
¡Silencio! gritó el cuervo con su voz chillona. ¡Así no podemos solucionar nada! A partir de ahora hablaremos de uno en uno y si es necesario levantaremos el ala o la pata para pedir la palabra ¿entendido?
Muchas gracias por poner orden, dijo el milano real, si me permite el señor búho me gustaría dirigir unas palabras a toda la concurrencia.
El milano real había viajado mucho y se creía por encima de los demás, esto lo demostraba por su tono altanero y su mirada de desprecio hacia el resto de sus vecinos del bosque.
Como todos vosotros sabéis, este problema no me afecta en gran medida ya que al haber viajado tanto conozco lugares mucho más interesantes para vivir que este bosque de chicha y nabo donde solo hay unos cuantos acebos, un par de robles, encinas y unos pinos que no debían haberse plantado nunca aquí.
¡Uh uh uh uh ...! Empezaron todos los animales a abuchearle:
Si tan malo es este sitio ¿por qué no te vas? le gritaba la multitud allí congregada.
-¡Seguro que cuando tú te vayas este sitio será mejor! gritaban otros.
Señores animales, no nos peleemos entre nosotros, lo importante ahora es buscar soluciones y evitar la destrucción de nuestro bosque, decía el búho en tono conciliador, y continuó: por favor debemos aportar ideas que ayuden, nuestra casa ahora es lo primero. Ya que hemos sido lo suficientemente inteligentes para olvidar nuestras rencillas particulares y enemigos declarados como el zorro y el conejo, el gato montés y muchas aves, el topo y los insectos terrestres, jabalíes, corzos y todos los que hoy estamos preocupados por nuestro territorio nos hemos reunido aquí, no desperdiciemos esta oportunidad e intentemos entre todos salvar lo que es de todos.
Los aplausos brotaron del corazón de los presentes y un clamor surgió de ellos:
¡El bosque es nuestro y lo vamos a salvar! iban repitiendo cada vez con más fuerza hasta que el grito fue unánime.
Bien señores, como no nos queda apenas tiempo, debemos reunirnos en pocos días con algunas propuestas. ¿Os parece bien dentro de tres días a la caída de la tarde?
Todos asintieron y se marcharon a sus respectivas moradas. Iban bastante preocupados, pues la solución debía ser rápida y efectiva pero para algunos tres días no era tiempo suficiente, aunque sin duda lo intentarían.
Los tres días siguientes fueron excepcionalmente anormales en la vida del bosque. Los animales parecían como ánimas en pena, paseaban de arriba a abajo como los corzos o los jabalíes. Dando vueltas alrededor de los árboles como los piquituertos o las ardillas. Haciendo túneles en la superficie de la tierra rozando casi la hojarasca como el topo y algún conejo. Todos estaban preocupados y salvo un vago saludo no se dirigían la palabra y no es que estuvieran enfadados entre sí, es que estaban tan ocupados pensando, estrujándose la mente como decía el petirrojo, que apenas levantaban la cabeza para mantener dos palabras seguidas.
¿Alguna idea? le preguntaba el conejo al zorro.
Ninguna, se lamentaba el zorro, estoy tan preocupado que no tengo ni hambre.
¡ Menos mal ! decía con cierto alivio el conejo.
Bromas aparte, el plazo dado no era suficiente. Los animales, en conjunto parecían cada día más desanimados. El castor, uno de los animales más inteligentes del bosque se devanaba la cabeza, normalmente era capaz de aportar varias soluciones a un problema, pero su mente no trabajaba bien bajo tanta presión, no obstante tenía alguna idea que aportar en la reunión.
El plazo terminaba en dos horas, pero ya hacía rato que la mayoría de los animales esperaban al pie del gran árbol. A la hora en punto hizo su aparición el señor búho:
Buenas tardes amigos, ya han pasado tres días y estamos dispuestos para oír vuestras ideas, sugerencias u opiniones respecto al problema planteado: ¿Cómo vamos a salvar el bosque?
Al principio se hizo un silencio sepulcral, nadie se atrevía a hablar, unos por falta de ideas, otros porque consideraban que las suyas no eran lo suficientemente buenas. Así transcurrió un tiempo hasta que el castor se decidió a hablar:
Señores, todos sabéis que muchas veces he podido ayudaros cuando algún problema ha surgido y entre todos hemos decidido solucionarlo, pero también sabéis que con mucha presión mi mente se bloquea y parece como si le costara trabajo pensar. De todos modos y aunque reconozco que no son muy brillantes mis ideas, las voy a exponer esperando poder contribuir en algo a la solución del mismo. He pensado que podíamos hacer una especie de ejército donde lucharíamos todos, unos desde el aire tirándoles a los humanos frutos secos y ramas o algunas piedras, atacándoles desde tierra con mordiscos o arañazos y por último podríamos despertar al señor oso y que él junto a su familia les asuste de tal manera que les queden pocas ganas de volver.
-No es mala idea, repuso el señor búho, pero tiene bastantes inconvenientes:
Primero, todos deberíamos estar de acuerdo en participar en la una lucha en la que sin duda habría muchas bajas.
Un rumor cada vez más alto se extendía entre la reunión:
¡Lucharemos! ¡Por defender nuestra casa, cualquier cosa!
Esperad, por favor, intentaba apaciguar los ánimos el lince. ¿Cuánto tiempo podríamos aguantar luchando contra los hombres? ¿Acaso olvidáis que tienen armas de fuego y podríamos morir todos? Lo siento señor castor, esta vez no puedo estar de acuerdo con su solución.
Tiene razón señor lince, discúlpenme por esta idea tan desastrosa y que tanto perjuicio podía habernos traído, dijo muy apesadumbrado el castor.
No debe pedir disculpas, le replicó el señor zorro, usted ha hecho más que la mayoría de nosotros, por lo menos ha aportado alguna idea, cosa que el resto de nosotros no, así que no se disculpe y muchas gracias por su esfuerzo.
Un aplauso general se oyó, todos querían así premiar el esfuerzo realizado por el castor pero realmente el problema no estaba solucionado y un murmullo empezó a surgir de la muchedumbre.
¿Qué vamos a hacer? ¡Sin ideas poco vamos a salvar! ¡Estamos perdidos!
Todos empezaban a lamentase y ninguna de las ideas aportadas parecía que pudiera solucionar el problema, pero entonces una voz muy bajita se quería hacer oír entre todas las demás, pero era tan lejana que apenas se distinguía del lamento generalizado que como una sola voz aquejaba al resto de los animales:
¿Para qué quieren los hombres los árboles? se oía tenuemente.
De todos es sabido que el zorro tiene muy agudizados sus sentidos y le pareció escuchar allí en el fondo una vocecita, parecía de una cría, eso no se le escapaba a él.
¡Silencio! gritó, aquí estamos para oír a todos y me parece que en el fondo alguien está haciendo una pregunta.
Un conejito, muy tímido y bastante asustado volvió a repetir la pregunta:
¿Para qué quieren los hombres los árboles que cortan?
Buena pregunta, dijo el señor búho, ¿Alguien lo sabe?
Muchos de ellos lo sabían, para adornar sus casas y la plaza de sus pueblos el día de Navidad respondieron.
¿Entonces, por qué no adornamos nosotros los árboles? así, cuando vengan a cortarlos los verán ya decorados y quizás, digo solo quizás, no los corten- propuso el conejito.
Todos se quedaron callados un momento y de nuevo surgió el murmullo, pero esta vez un murmullo de asentimiento.
¡Tal vez funcione! ¡Por probar no perdemos más de lo que vamos a perder si no funciona!
Dicho y hecho, todos los animales empezaron a recoger frutos secos, hojas doradas, bolitas de acebo y todo aquello que pensaban que les podía ser útil. Entre todos confeccionaron guirnaldas. Con ayuda de las aves y de todos los animales que podían trepar fueron adornando todos los árboles del bosque. El trabajo fue muy duro y justo lo terminaron la noche antes del primer fin de semana de la Corta. Esa noche los animales se reunieron debajo del gran árbol para contemplar su obra. Ésta era magnífica, de todos los árboles colgaban guirnaldas de color rojo y dorado, rojo del acebo y dorado de las hojas que se habían caído de las ramas, ello unido a los distintos marrones de tantos frutos secos le confería una armonía estética al lugar como nunca antes se había visto. Seguro, pensaban, que con los rayos del sol todo sería aún más grandioso. Esa noche ningún animal pudo dormir. Cuando amaneció todos corrieron a esconderse esperando la llegada de los hombres. La espera no duró mucho. Pronto la mariposa de invierno agitó fuertemente sus alas haciendo la señal convenida para alertar de la llegada de los humanos. Estos venían cantando y bailando alrededor de las carretas que traían las herramientas y las provisiones. A medida que se iban acercando al claro del bosque las canciones eran sustituidas por un silencio que iba creciendo a medida que se adentraban en él.
¡Mira papá,-dijo un chiquillo- qué bonito está todo!
Los hombres se quedaron boquiabiertos. Tal y como pensaron los animales, de día era aún más bonito. Los rayos del sol se reflejaban en las bayas y en las hojas impregnándolo todo de un aire mágico. Hubo una reunión. Esta belleza no podía ser destruida, jamás habían visto nada semejante y esto debía perdurar. Decidieron no cortar los árboles, mejor adornados que como los habían encontrado no podrían estar.
Propongo, dijo alzando la voz el alcalde de uno de los pueblos, que cada año adornemos los árboles del bosque y nos reunamos aquí por Navidad.
¡Bien, bien ! ¡Hurra por el bosque!
La fiesta se prolongó durante los tres fines de semana previstos sin que ningún árbol fuese cortado. El día de Nochebuena todos los hombres, mujeres y niños del lugar se congregaron en el claro, junto al gran árbol para cantar villancicos. Los animales les observaban desde sus escondites, muy felices porque su plan había funcionado y el bosque se había salvado gracias a la colaboración de todos.
2 comentarios
white -
Gracias por dejar un mensaje.
Goreño -