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SOMBRA

SOMBRA Qué es una sombra si no lo imagen sin color de ti mismo. Mi sombra se ha adueñado de mí. No puedo alumbrar como antaño lo hacía. El brillo se ha apagado, ha estallado en mil colores que han corrido a refugiarse en otros cuerpos, en aquellos a los que antes daba luz. Hastiado de dudas, de penas ajenas, de dolor de otros, la carga que he soportado me ha vencido y, hecho añicos, intento recomponer un pequeño haz que me sirva de guía a mis pasos ciegos, que me oriente de nuevo en ese camino que tantas veces he alumbrado a otros y ahora permanece oscuro para mí. Ellos debieron pensarlo antes. Yo no podía con la carga de tantos. Yo era como ellos pero me veían más fuerte y volcaban sobre mí sus frustraciones. Ellos se sentían aliviados, pero mi carga se iba incrementando en cada encuentro, y ellos, sin piedad, desnudaban su alma, se vaciaban y ese cargamento de vida lo recogía yo. No se podía diluir y me pesaba, me pesaba cada día más, cada hora más, cada minuto más. No lo veían, no sentían mi caminar torpe, mi avance lento, ellos se volvían livianos y corrían hacia su suerte. Yo cargaba con sus pesadillas y apenas podía avanzar. Hoy he estallado y no he tenido a nadie a mi lado que recogiese los pedacitos. La luz, que otrora alumbrara caminos, ha alcanzado la intensidad del infinito y su carga de miserias, de desdichas, de infelicidades ajenas, la ha elevado en un cielo oscuro, iluminándolo por última vez antes de saltar en mil pedazos de dolor que se extinguía como la chispa que lo provocó. Ahora me siento volátil, etéreo, sutil, pero no soy yo, no estoy yo y quiero recomponerme. Quiero volver a alumbrar aunque sepa que, al final, de nuevo, tendré que estallar.

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