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6 de Junio de 2005

6 de Junio de 2005 Una noche de sueño reparador te hace ver la vida de modo diferente. Estoy desayunando en la terraza. Estas serán las únicas horas del día, hasta que caiga de nuevo la tarde, en las que podré disfrutar del jardín. El aroma a madreselva se extiende a través de la mañana reconfortando los sentidos. Vuelvo al calor de mi niñez en una casa tan lejana, tan distinta. Aquellas mañanas de ruidos y algarabías, de luchas de albaricoques y acuerdos firmados en torno a un zumo, días llenos de esperanza, de olores a campo en sazón y sabores de vidas recién amanecidas. Miro al pasado y todo ha cambiado tanto. Hace una eternidad que no sé nada de mis hermanos. Me he refugiado en este oasis, en este remanso de paz aislándome hasta de mi familia. La fragancia de una rosa acaricia mi piel. Giro la cabeza intentando descubrir desde dónde me llama y veo que por fin el rosal de terciopelo ha echado su primera flor. Ya había perdido toda esperanza. Tres años sin florecer y pensaba ya en su esterilidad. ¿Los rosales pueden ser estériles? No había querido arrancarlo de su lugar, bastante desgracia tenía con no poder lucir su perfume ni regalar su color, para extraerlo sin piedad del suelo donde había arraigado. Su agradecimiento, la recompensa se ha hecho hoy flor. Me acerco hasta él acariciándolo como un hijo pródigo del que nunca esperarías su retorno, los pétalos se abren para mí en una sinfonía de color y aroma que danzan al unísono llenando de placer esta nueva mañana. Cora se acerca, parece celosa, ladra a la flor reclamando la atención que le presto. Me giro y sonrío, acaricio su cabeza y restriego mi nariz sobre su pelo. No se aleja de mi lado y continúa con un silencioso gruñido. El perro y la rosa luchan por llamar mi atención. Me río de mí misma por este pensamiento. Sigo deleitándome con esta nueva maravilla de mi jardín. Veo que esta rosa no está sola, otra comienza a formarse y tal vez sea ahora cuando ya no cese de parir. Todo tiene su tiempo y nunca ese tiempo es baldío. Si se sabe esperar quizás se alcancen los sueños, quizás se transformen en realidades. ¿Pero cómo aprender a esperar? ¿Dónde se pueden adquirir las píldoras de paciencia? El tiempo es el gran enemigo del que espera y doblegarlo es una lucha titánica, pero si se consigue, al final, podremos disfrutar de una maravillosa rosa.

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