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7 de Junio de 2005

7 de Junio de 2005 Últimamente tengo la guerra declarada al sueño. Deben ser las hormonas que andan demasiado revolucionadas en su despedida. Anoche el insomnio, debo reconocerlo, era placentero. Mi hijo llamó diciéndonos que si no nos importaba que María viniese dentro de dos o tres días. Todavía me pregunto cómo puede dudarlo siquiera. La emoción de tener a mi niña conmigo unos días ha espantado el sueño. Yo creí que sería a final de mes cuando las vacaciones aparecieran para alegrar a los hijos y revolucionar a los padres, pero María apenas tiene cinco años y no va a ser mucha la pérdida. Ellos se van de viaje, lo necesitan y yo necesito a mi María. Debo confesar que estoy nerviosa, queda tanto por hacer. Debo templar mis nervios, aplacar mi corazón desbocado y organizar la llegada como si se tratase de una visita de estado. Todo debe estar a punto. Lo único que temo es la expresión de mi nuera, para ella algo estará mal, seguro. Mis ilusiones y mi cariño no contarán nada, ella lo echará por tierra una vez más. Hoy corre aire por el margen del río. Cora se entretiene entre unos matorrales y de él aparece una nube de mariposas de todos los colores. Su aleteo incesante pero majestuoso ha detenido mi paso. La danza teñida de color me transporta a un mundo de ensoñaciones donde todo está dibujado de colores orgullosos, colores que exhiben su poderío desplegando un manto irreverente que desafía a la tristeza alejándola sin compasión. Un mundo onírico de flores perpetuas y mariposas que vocean vida por aquellos rincones en los que detienen su aleteo. Una alza el vuelo, dibuja un camino entre dos nubes de algodón, otra sigue su estela y derrama rojos, anaranjados, amarillos. Vaciada su hermosa carga otra toma el relevo chorreando los tonos verdes, azules, añiles. Una última, una mariposa negra como la noche, elegante, inmensa, con alas majestuosas y vuelo reposado se pasea por la obra de sus hermanas dando el toque final violáceo. En el negro también hay escondido otro color, parece decirme desde la altura. El hocico húmedo de Cora me devuelve a otra realidad, a la realidad de un día lleno de esperanza, de espera que no va a desesperar porque no tiene tiempo para perder. Me sonrío y Cora gira entorno a mí. Tengo que volver a casa, voy a prepararle a María un mundo como el que acabo de visitar. El Techo será el cielo que despierta a un nuevo día, en las paredes, nubes de algodón dulce, flores de mil colores, mariquitas rojas de siete lunares, pajarillos revoloteando alrededor de las flores y mis mariposas, esas que me han llevado a Fantasía, ellas dibujarán un arco iris eterno para mi niña.

1 comentario

blind -

Disfrutareis de vuestra nieta, pronto se ha de ver la alegría por todos tus dedos. Jajaja ¡¡¡¡ eh¡¡¡¡¡ esa mirada de inquina a tu nuera y tanta ansia de imposible perfección, jaja white, los nervios . Hoy has venido pálida, descansa, súmate a la ingravidez de las mariposas.