
La mañana me trae música enredada en el aire. Una sinfonía de juguetes y libros de colores conquistan estanterías dispuestas para llenar de imaginación el mundo que estoy dibujando para María. Mi princesa va a reinar en un castillo de muñecas, va a viajar a lomos de briosos corceles, va a dar la vuelta al mundo, entraremos en bosques alegres donde no habrá sombras de brujas malvadas y sí enanitos y mariposas que guíen sus pasos en giros tornasolados de soles infinitos. Los lápices de colores pugnarán por ser cogidos en sus pequeñas manos para dar color a páginas incoloras que renacerán a nuevos mundos creados por mi niña. La música flotará entre los juguetes, música de caramelo y regaliz, bolitas de colores colocadas en un pentagrama que, gracias a su presencia, se deshará de su gabardina negra de seriedad para vestirse de miles de tonos, corcheas y fusas de los colores más estridentes. María danzará, girará con las nuevas notas, con los nuevos amigos, con las nuevas ilusiones que permanecerán en este palacio investido de una pátina de felicidad. Me vuelco en mi niña y no me reconozco. Antes de que traspase el quicio de la puerta y me siento viva. Esa niña me llena como no lo han hecho ni mis hijos, es raro, lo sé, pero a los hijos hay que educarlos y eso es tan difícil. Creo que la consiento demasiado. ¡Y qué más da! Ella tiene sus padres para que la eduquen, yo sólo soy su abuela y solo tengo que quererla. En el fondo sé que no es así, que la educación de una nieta pasa también por los abuelos, pero mientras esté en mi casa va a ser feliz, es el único propósito de mi vida. Cinco añitos que apenas parecen tres, el año de hospital debe ser borrado de su mente y de la mía. Quizás los bebés no tengan memoria, quizás la memoria se desarrolla con los años y ellos sólo vean una neblina que dejaron atrás y cuando sean mayores todo se reduzca a un mal sueño de un bebé que apenas reconocen, pero los adultos si tenemos memoria y cuánto daríamos a veces por enterrarla. No, no voy a permitir que la tristeza de lo que fue inunde mi espíritu ahora que tengo tanto que hacer. Las tiendas no están abiertas y mi impaciencia es mucha. Soy yo la que parece una cría pequeña esperando a los Reyes Magos. Voy a salir con Cora, ella siempre consigue templar mis nervios. Tengo tanto que hacer...
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