
Hace calor, demasiado calor para finales de Mayo. No entiendo de tiempos, ni de cabañuelas, ni de predicciones más allá de lo que voy a cocinar hoy, pero la sequía amenaza nuestras tierras sedientas de un líquido casi más preciado para ellas que nuestra propia sangre. Lágrimas de sangre brotarán de los ojos de campesinos hastiados de trabajo que verán cómo sus cosechas se perderán otro año más. Lágrimas de sangre que no podrán aliviar las estrías profundas, los caballetes alzados por las callosas manos que esperan recoger una cosecha que se morirá en la planta hastiada de calor. Las flores se agostan a nuestro paso y los caminos arderán en un baile macabro de llamas sempiternas que, como ave fénix, reviven año tras año, danzando sin control. Abrimos los grifos y sale agua a borbotones, son los últimos estertores de pantanos y embalses que apuran su sangre transparente para ofrecérnosla en sacrificio y nosotros despreciamos los sacrificios de la tierra, de la madre tierra que quiere permanecer viva y la estamos matando. No hay vida sin sangre, no hay vida sin agua. Nuestros pasos levantan polvo, Cora corretea entre guijarros tempraneros, un gazapo asoma sus orejitas de algodón. Cora corre hacia él pero es más rápido, se esconde en túneles subterráneos donde el calor no alcanza. Cada día horadan la tierra en busca del agua que se refugia en su interior sin saber que si el corazón húmedo de la tierra desaparece nunca más brotará su sangre. Ayer vi una avería en una calle alejada, manaba el agua como un geiser, nadie intentaba parar este derroche que nos empobrece aún más. Agua desperdiciada, agua muerta que se escapará a otras tierras, a otras nubes. Las frutas que comienzan a colorear los campos se tiñen de lutos de sequía. Si mis hijos estuvieran en peligro daría hasta la última gota de mi sangre por ellos pero si de agua se trata no conocemos a hijos ni a hermanos, nos volvemos egoístas, o son los que tienen la riqueza, el agua de vida los que se agarran a ella como avaros abrazando el dinero. ¿Cuándo entenderán que el agua es de todos? El agua debería ser patrimonio de la humanidad como tantos monumentos o ciudades que tan sólo dan belleza y no es poco, pero el agua da vida. Reanudo mi paseo con Cora desangrándome con cada cereza, con cada albaricoque, pera o ciruela que piden ansiosas una lágrima que les aporte el suero para continuar.
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Comella -