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RETRATO 4

RETRATO 4 -Es que me miras con buenos ojos, le dijo. Perdona, yo no quería...
-No importa, que mis ojos estén cerrados a la luz no significa que sea ciega.
-Pero estas flores, hoy que no es nada.
- Siempre es algo, es hoy.
-Yo no merezco...
Ella se ruborizaba ante pequeños detalles como un ramo de flores. No estaba acostumbrada a regalos. Su vida había sido dura, demasiado dura. Siempre sacaba entereza donde otros flaqueaban. Apenas sabía nadar y surcaba los mares de desdichas impuestos por un destino cruel que se cebaba implacablemente con ella. Primero un hijo que tuvo que partir produciendo la primera grieta en su corazón. Exilio forzoso en busca de otras tierras, de otras gentes, donde olvidar que una vez fue padre y, que sus hijos desaparecieron tras el manto envenenado de una madre que convirtió en odio todo el amor que sintió una vez por él. Ella perdió en la lejanía de un horizonte eterno un hijo y en la cercanía unos nietos que borraron la palabra abuela de su corto diccionario de amor. No se quejaba, era el eje en el que descansaba la familia, pero su corazón se agrietaba más. Después la enfermedad del marido. Cruel agonía que dibujaba círculos de falsa felicidad entorno a la hija que se casaba. Amargura enterrada en sonrisas, dolor convertido en consuelo, trajes nuevos para cuerpos rotos. La bienvenida de un yerno y la despedida de un padre. Otra nueva grieta. Una casa recién comprada que pagar y una pensión corta para salir adelante. Ella era puro coraje y pudo con todo. Con el dolor de la ausencia a cuestas, con los recuerdos eternos de tardes infinitas en la fría sala de un hospital, con los últimos recuerdos que le acompañarían de quien fue su compañero toda la vida, hizo un equipaje, se lo echó a la espalda y decidió continuar. Decidió remendar. Empuje y voluntad nunca le faltaron, pero la vida se encargó de hacerla de nuevo tropezar. Otro hijo separado y de vuelta al hogar, otro nieto, pero esta vez la vida le concedía una tregua, lo veía crecer cerca . De nuevo la enfermedad se cebó con ella, con ella no, lo hubiera preferido. Fue el hijo que tenía cerca que pagaba los excesos de una juventud que le pudo. El hígado fallaba, el hospital de nuevo, medicinas, depresiones, aislamiento, la madre no sabe cómo actuar, siempre al lado del hijo pero se ahoga, quisiera darle lo que no tiene, ganas de vivir. Cae en un pozo sin fondo, cuando el vértigo anida dentro de su cuerpo el hijo mayor la llama, se va a casar. ¿Cómo ir a compartir ese día con su primogénito si el benjamín está enfermo? Son hijos los dos, uno rehace su vida, el otro aún no. Las hijas se vuelcan con ella. Necesita saborear de la copa de la felicidad, las hermanas cuidarán de él y ella verá a su hijo feliz. Apenas 15 días y tras largas horas de avión está de vuelta y todo sigue igual. Ella sigue acumulando dolor en su saco de desesperanza. Ayer mismo los llamaron de nuevo al hospital, debía ir toda la familia. Les hablaron, les explicaron y por fin la palabra tan esperada: Trasplante. Una ola de oxígeno inunda sus pulmones, hay esperanza, todo va a salir bien. El camino no va a ser fácil, estará lleno de espinas, pero ella sabrá apartarlas para que su hijo vuelva a sonreír.
Y todavía, emocionada, se pregunta el por qué de un sencillo ramo de flores, si hoy no es nada...

1 comentario

blind -

Órale white!!!
Creí que habías pactado un descanso con tus manos y apareces por allí comentando un artículo de la chica . Ahí te veo, parando instantes con instantes. Tus mujeres, mujer, las encierras tanto, tan poco aire y reconocimiento les dejas para sí, que la vida parece sólo rozarlas cubriéndolas de polvo.