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6 de Mayo de 2005

6 de Mayo de 2005 Es curioso cómo un perro se puede hacer querer. Cora me ha despertado esta mañana con la suavidad del amante que acaricia apenas sin rozar. He dormido profundamente, mis sueños han viajado más allá de tormentas y granizos llevándome a una pradera en flor. Las jaras y los tomillos han volcado sobre mí sus aromas. Me siento más joven, más viva, volátil. He caminado sobre la hierba y he volado sobre las nubes y Cora, con el alma anclada a mí ladraba cantando una canción de amor, de cuna, de batallas por luchar y ganar, un poema eran sus ladridos, un canto a la vida que viviremos juntas. (No quiero engañarme, era solo un sueño pero tan real...)
He descubierto que a Cora le encantan las tostadas y si las mojo en café con leche mejor. Le he puesto un poco de leche a ella, en algún lugar leí que la leche no era buena para los perros, pero no tengo otra cosa. Cuando vuelva del paseo la llevaré al veterinario y compraré comida.
Cora está bien, las heridas están cicatrizadas y su delgadez se cura con alimento. Ella es feliz, lo hace notar. Mañana iremos de paseo juntas, le enseñaré mi campo, mi tierra mis raíces que, sin ser mías, yo siento como tal.
Es curioso, no le he oído marcharse, ni siquiera el portazo de la mañana ha servido de despertador. Sé que mi osadía será castigada, que esta calma chicha de hoy se tornará furia desatada mañana, pero eso será mañana, para qué preocuparme, ya llegará el tiempo de llorar. Hoy no, hoy voy a ser yo quien llame a María. Le contaré que Cora quiere conocerla, quizás vengan este fin de semana, más ilusiones que se romperán en añicos, en jirones de corazón. ¡Ya basta! Basta de lamentaciones. ¿Será posible que este perro infunda en mí nuevos alientos de vida?
No sé, el tiempo hablará y, mientras, yo sigo aquí con Cora.

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