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18 de Mayo de 2005

18 de Mayo de 2005 La mañana se ha templado tras una noche de frío intenso. Oí en la radio que había nevado cerca y el viento de nieves imposibles en primaveras irreales azotaba rostro y corazón. Pero es el frío que anida en el alma el que hace temblar todo tu ser. Sabía que estaba muy enferma, su rostro era una ventana hacia lo desconocido, se había afilado hasta el infinito y sus huesos asomaban a través de la pátina de color dibujado que quería velar su realidad. Todos sabíamos que se iba y ella también, pero la sonrisa que anidaba en su boca, la sonrisa que había colgado desde su alma suavizando la espera de todos, su espera, servía como antifaz que disfrazaba lo inevitable. Su dolor final fue nuestro dolor, y arropándola, como arropa una manta en las frescas noches de primavera, la acompañamos hasta ayer. Esta noche no ha habido noche, el cielo se cubrió de dolor y tristeza, pocos años para partir, pocos años vividos. Nadie se rebelaba. Supo transmitir su calma y abnegados nos despedíamos de ella. Una estrella más subió al infinito de luces perdidas y nos deja un poco más ciegos. Su última sonrisa la llevo clavada como un cuchillo afilado que ahonda en sentimientos que no se diluirán con el paso del tiempo. Siempre vivirá a nuestro lado y su ejemplo de amor, de ánimo, de vida vivida nos acompañará a todos los que la conocimos. Antes del último adiós voy a caminar, a respirar aire fresco que inunde mis pulmones de la templanza necesaria para la despedida. Cora no reclama su paseo, huele el dolor y calla tendida a mi lado. Su compañía es hoy mucho más para mí. Adiós amiga del alma, hasta siempre.

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