
A penas ha comenzado el día, si por un día nuevo se entiende que se ha sobrepasado el límite de las doce de la noche. Me quedan tantas cosas por hacer. El viernes llega María. Estoy deseando ver sus ojitos abiertos como dos ventanas inmensas con vistas a ese mundo de fantasía e ilusión que le he preparado. El olor a pintura se desborda por todos los rincones de la casa fluyendo, a través de unos poros de cal y ladrillo, respirando y latiendo al unísono, acompasando su nueva existencia a la metamorfosis de una alcoba en un cuento escrito para mi niña. Acabo de colocar el osito que velará sus sueños. Es un oso atrapa-pesadillas, así me lo dijo Pablo, el vendedor de ilusiones. Con este osito María no temerá cerrar sus ojitos. Al abrazarlo, una dulce música invadirá su cuarto adentrándose en su alma y será acunada por un arrullo de canto y esperanzas, de color y armonía girando todo en torno de una sinfonía de sueños de algodón verde mar y azul cielo. María caminará sobre alfombras mágicas que la llevarán donde sus pasos no puedan ser alcanzados y será protagonista de sus propias aventuras. Sus muñecas cobrarán vida y, junto a mí, nunca estará sola. Mares de chocolate y barquitos de galleta, corros de la patata y parchís de colores. Cogida de mi mano saltaremos en rayuelas perpetuas y buscaremos tesoros enterrados en olvido y miel. No sé cuanto tiempo se quedará María a mi lado, no importa, estos días, pocos o muchos, tendrán las horas infinitas, los minutos inmortales, los segundos eternos. El tiempo se detendrá, ella no crecerá, yo no envejeceré y unidas en un amor que no conoce límites vadearemos la vida escabulléndonos de sequías y viviendo nuestra época de bonanza, tiempos mejores, risas, canciones y mariposas revoloteando. Mañana, que ya es hoy, se acerca volando. La luna tiene prisa por marcharse dejando su estela atrás y dando paso a soles absolutos que iluminarán nuestro dulce avanzar. Debería descansar un rato, queda un solo día ya. El sueño se escapa entre mis dedos. Voy a la cocina, me sirvo un vaso de leche fría, Cora duerme, no quiero despertarla, esta noche tengo la compañía de mi sueño, un sueño en vigilia. Mañana compraré helados, montañas de helados de fresa y limón de chocolate y vainilla, dedos, pies, vasitos, lápices... todos los tendrá mi niña. Me voy a la cama. Su recuerdo me llevará hasta su sueño y le diré cositas en voz baja, le diré que vamos a volar con los pajarillos, a nadar con los peces, a saltar como los gamos y a amar como nunca antes lo había hecho porque ella es mi niña y mi niña está en mí.
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